El hombre, de cabello canoso y modales elegantes, hizo cola pacientemente delante de la taquilla del museo-castillo de los Von Clausen. Unas gafas de sol oscuras protegían sus ojos de miradas indiscretas. Permaneció en silencio hasta que le llegó su turno. Pagó la entrada con un leve gesto de disgusto casi inapreciable. Entró por la puerta principal siguiendo a los demás turistas extranjeros. Allí les esperaba una guía pecosa con aire juvenil y chaqueta carmesí.
-Me llamo Teresa y soy su guía en la visita al castillo Von Clausen...-Anunció con voz dulce en cinco idiomas distintos.-Nos adentraremos en el fascinante mundo de la aristocracia medieval...
Siguió a la guía escuchando atento la historia de la familia Von Clausen. Descendían de rancios antepasados aristocráticos que vivieron momentos de gloria y esplendor desde la Edad Media hasta el presente. Época en que el castillo fue cedido al estado para disfrute de sus ciudadanos...
-Confiscado...-Corrigió el hombre en voz baja, ofendido por la versión oficial de la guía, recordando los crueles acontecimientos que le llevaron a perder el hogar de sus antepasados. Se llamaba Heriberto Von Clausen, sexto marqués del Condado de la Selva Oscura, antiguo propietario del castillo familiar.
Sus pensamientos se remontaron cinco años atrás cuando el administrador de la familia se presentó de improviso en el castillo. Tobías, su mayordomo personal, le avisó que necesitaba hablar urgentemente con él. No podía esperar.
-Espero que sea importante...-Dijo Heriberto bajando del caballo interrumpiendo a desgana su partido de polo. Siguió a Tobías hasta el despacho donde le aguardaba el administrador.-¿Qué sucede?...
-Siento decirle, señor Von Clausen, que sus acreedores le van a llevar a juicio...
-¿Porqué?... Págales, las finanzas son asunto tuyo...-Nunca se había preocupado del dinero.
-No hay fondos suficientes para ello...-Le contradijo con gesto serio.-Lamentablemente hicimos unas inversiones arriesgadas que fallaron... Nadie podía preveer el desplome de las acciones.
-Me aseguraste que eran seguras..-Replicó incrédulo.-Busca una solución, para eso te pago...
-Haré todo lo posible...-Respondió su abogado y administrador.
No fue suficiente. Perdió el juicio. Heriberto se declaró insolvente aconsejado por su abogado. No esperaba que el juez se atreviese a embargar el castillo familiar como pago de sus deudas. Se sentía humillado y no quiso asistir a la subasta pública. Abandonó el país, desahuciado como un mísero obrero cualquiera que no pudiese pagar la habitación donde dormía, refugiándose en un lujoso apartamento de la Costa Azul. Allí vivió cinco años manteniendo su estilo de vida sin problemas gracias a los ahorros ocultos en el Principado lejos de las garras de sus acreedores.
Pero la añoranza pudo con Heriberto y regresó a su país de visita para ver con sus propios ojos en que habían convertido su hogar. Sintió tristeza al comprobar la deprimente realidad. El estado se aprovechó quedándose el castillo a precio de saldo con el compromiso de pagar sus deudas. Promocionaban el castillo como un museo medieval de los Von Clausen, pero a Heriberto le pareció un vulgar parque de atracciones.
No podía soportar que turistas sin cultura ni educación mancillaran el castillo de sus antepasados y pisotearan los jardines para hacerse un foto. Juró no regresar jamás.
FIN