La sala era acogedora y con una estudiada luminosidad cálida que propiciaba las confidencias íntimas de los participantes en la terapia de grupo. Cada detalle de la sala tenía su razón de ser, desde la música ambiental sosegante al tono rosa pastel de la pintura de las paredes. Nada estaba escogido al azar en la Clínica privada Monte de la Paz... Sus exclusivos pacientes se merecían, y pagaban, el mejor tratamiento posible a sus inconfesables dolencias...
-Háblenos de su problema, señor Calzone...-Pidió el médico con voz amable, pero firme... Todos los pacientes debían contar su trauma delante del grupo... Era parte de su cura, aseguraban.
Mario no lo veía muy claro, pero deseaba superar su estado actual de depresión y volver a ser el triunfador que era antes de conocerlas a ellas... Ellas... Maldito el momento en que se fijó en ellas...
-De acuerdo, doctor...-No conseguía recordar su nombre, pese haberlo conocido apenas hacía una hora en la visita personal que le hizo en su despacho. Le llamaron la atención, los títulos académicos de universidades que colgaban de la pared, y, sobretodo, el péndulo de bolas metálicas. El choque rítmico de las bolas le ponía nervioso. Deseaba que parase, pero no se detenía.
-Estamos esperando tu vivencia...-Le recordó el doctor sacándole de sus pensamientos.
-Comenzó la noche que fui a la fiesta aniversario de la discoteca Acqua de Mamma...-Se decidió Mario a contar el motivo que le había llevado a pedir ayuda.-Era un fiesta muy exclusiva, pero yo tenía invitación... Había movido mis hilos...-Aseguró dándose importancia.-Entré solo con la intención de divertirme e irme acompañado de alguna bella mujer... Siempre lo conseguía...
-Hasta esa noche...-Se lamentó Mario. La angustia le impedía continuar hablando.
-Debió ser muy duro...-Aventuró el doctor escuchando atento a sus gestos.
-Conocí a dos bombones llamados Carla y Mariela... Dos mujeres que volverían loco al más cuerdo de los hombres de la tierra...-Reconoció Mario recordándolas con deseo reprimido.-Dos amigas inseparables que me prometieron mimos íntimos... Ya me veía disfrutando de su morbosa compañía en el lecho de mi cama... Yo era capaz de satisfacerlas a las dos...
-¿Y qué sucedió al final?...-El doctor quería llegar al origen del trauma.
-Algo que nunca me había pasado...-Mario tragó saliva dudando si continuar.-Las invité a compartir mi cama... Aceptaron sin dudarlo... Pero a la hora de la verdad, me ataron desnudo a la cama y me impidieron participar en sus juegos eróticos... Sólo pude mirar impotente...
-Desde entonces soy incapaz de conquistar a una mujer...-Admitió Mario amargamente.
FIN