El hombre solitario fumaba un cigarrillo tras otro con ansiedad. Se sentaba solo en una mesa del bar ante un vaso de vino. De vez en cuando miraba de reojo a la mujer que hacía compañía al pianista mientras tocaba canciones románticas. Ella miraba al pianista en silencio. Una tímida sonrisa afloró en sus labios cuando él le lanzó un beso.
Bonifacio lo vio y apagó el cigarrillo en el cenicero con rabia. Le costaba mucho disimular sus verdaderos sentimientos. Encendió otro dando un calada profunda para intentar tranquilizarse. Debía calmarse. Aun no era el momento. El humo del cigarrillo le hizo recordar su juventud.
Eran tiempos jóvenes cuando Bonifacio competía con su hermano mayor, Ángel, por ser mejor que él en todo. Pero pronto se dio cuenta que era inútil. Se esforzaba sin descanso y, luego, él le superaba sin apenas proponérselo. Ángel poseía dones que él carecía.
Bonifacio aun creía en el amor, aunque sólo recogía las migajas que Ángel despreciaba, cuando conoció a Aurora y se enamoró perdidamente de ella... Pero su destino amargo se cumplió trágicamente y Ángel le arrebató a la mujer de su vida... Ninguna mujer se resistía a su sonrisa encantadora ni a sus canciones románticas tocadas al piano... Y Aurora cayó en sus brazos...
Algo se rompió en el interior de Bonifacio, quizás su corazón, quizás la última esperanza de amar y toda la rabia acumulada durante años explotó... Ser el último en nacer, ser el hermano pequeño, le había perjudicado tanto que no podía soportar más humillaciones por parte de Ángel... Si su hermano mayor no hubiera existido, él habría sido feliz.. Eso creía y pensaba remediarlo... Por eso llevaba una pistola oculta en su ropa... para ser hijo único...
FIN