* Temas
RELATOS 2010
Portate bien
Dulce hogar
Soñar con caracoles
Pánico a las mujeres
Juan Sinamor
Ser hijo único
Fantasmas de papel
Que me busque
Vivir del cuento
El duende de la nieve
La piel fina
Palmaditas en la espalda
La duda ofende
Lecciones de vida
Ilusiones rotas
Sin tiempo que perder
Ver la vida pasar
Nada es lo que parece
El poder de la voz
El pasaje sin nombre
Te lo di todo
Sin mirar atrás
A contracorriente
Familia
El buen hijo
Disculpas del autor
LAS HIEDRAS DEL TIEMPO
Crayon Griffonnage
Ocaso de una ilusión
Baja el telón
El tiempo robado
Deacon Parish
Fuga anunciada
Crayon volverá
El señor Oriol
La lista
La anciana y la sombra
Los hijos del padre tiempo
Un sujeto intrigante
El capitán de Golondrina
Ostras frescas
Pañuelos de papel
Heaven & Hell
El encargo
Don Segismundo
Pensión Rosita
La Beatiful People
Miguel el revolucionario
La nota
El anticuario
Nada importante
El informe
Sergei Petroff
La roja manzana
RELATOS BREVES
Vikingos
Un café por compasión
Un mal momento
Llovía y me mojé
Hernando
Extraterrestres en la Tierra
Don Germán
Soñar es gratis
La hora del té
El sentido de las palabras
El tiempo detenido
La reina
Los gemelos
No me digas
Las cosas a la cara
Gotas de lluvia
Un golpe de suerte
Don Justo
Odio
Rocamora
LA BESTIA DEL DESIERTO
El coronel Villaespina
Caja de sorpresas
Suicidio
Problemas
La biografía
El club
La carta
Un molesto socio
La estrella de cinco puntas
La bestia
NUEVO BLOG
SENTENCIA DE MUERTE
Uno
Dos
Tres
Cuatro
Cinco
Seis
Siete
Ocho
POESIA O NO
Agonía
Cuando me dejaste
La espera
Mariposa de colores
Silencio
MUERTE DE UN TRAIDOR
Ráfagas
Un cadáver
Mister Hardysson
Tomando medidas
El señor Lunter
El chivato
El acuerdo
La llamada de B.W.
El tiroteo
El interrogatorio
Conclusión oficial
La carta
CRÓNICA TELEVISIVA
Buenos días, América
La tempestad crítica
Una tormenta
Una propuesta
Los pioneros
CO2
Felicidad
Utopía
HISTORIAS BREVES
El libro del alquimista
veinticinco de diciembre
Ulcera
El contrato del siglo
La viuda de azul
Solo mía
Yo lo vi
El bueno de Phil
No debimos
La posada del arce
Recuerdos
Conversación
Arcadia
Lontanaza
La sonrisa de la rubia
El hombre inquieto
Contagio
COLORES EXTRAÑOS
Azul fiambre
Amarillo chillón
Blanco ambiguo
Gris clavado
PEQUEÑAS HISTORIAS
Otra copa
El patio
El boxeador que no pudo serlo
El mar
Atrapar el tiempo
Un negocio seguro
La bruja
Arte ambulante
La muñeca deseada
Una mala racha
Como los granos de arena
Amargura
Amigas
Un día de camping
Las reglas
Compañía femenina
La nota justa
Miedo a la soledad
No es culpa mía
Flor de un día
* Enlaces
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una senderista
Sandra
homero
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Portate bien
-Esto me pasa por hacer caso a mi madre...-Maldecía Joshua en voz alta corriendo como alma perseguida por el diablo en forma de policía. Joshua era un joven de barrio, sin oficio ni ganas de estudiar, al que las malas amistades habían desviado del camino recto pese a los esfuerzos de su madre. La señora Martha Hillnort era un devota feligresa de la Iglesia protestante que confiaba en enderezar a su díscolo hijo con la ayuda del Señor. -Será la última vez, Ma...-Aseguró mientras intentaba dejar atrás a su perseguidor. Respetaba a su madre cuando le convenía porque necesitaba dinero para salir con sus amigos. No quería crecer, ni hacerse responsable de su vida. Aun era pronto, pensaba. No era la primera vez que se veía en una situación parecida. Joshua era un viejo conocido de la policía desde su infancia. Se había metido en tantos líos que perdió la cuenta de las veces que lo cogieron. Siempre le sucedía lo mismo. Como era un crío recibía un sermón y el prometía no volver a hacerlo. Se le daba bien poner cara de arrepentido. En muchas ocasiones se libró dando pena. -Siento decirte Joshua que ya no eres un crío.-Dijo MacGrain, el viejo sargento de la comisaría de su barrio, con tristeza.-Has cumplido 16 años... Irás a un reformatorio por tu último hurto... No aprendiste nada de mis sermones... Joshua vivió dos años a caballo entre el reformatorio y la calle. No tenía tiempo de disfrutar de la libertad ya que caía en los viejos vicios empujado por su mala cabeza y sus amigos de fechorias. Para él seguía siendo el mismo juego de su infancia... Pero las consecuencias empeoraban. Le costaba entenderlo. Los responsables del reformatorio le advirtieron de la vida que le esperaba si continuaba por el mal camino. Joshua prometió hacerles caso y, para acortar su estancia, se apuntó a un cursillo donde aprendió a leer y escribir. Descubrió la Biblia y, por fin, comprendió a su madre. Decidió que daría un giro radical a su vida cuando saliera de allí... Lo haría por su madre... Joshua abandonó el reformatorio dispuesto a convertirse en un honrado ciudadano. Y durante unas semanas lo consiguió hasta que tropezó sin querer con una despistada anciana blanca en una calle desierta. La pobre mujer no le vio porque llevaba la compra en una bolsa de papel que cayó al suelo. Quiso ayudarla y cogió el monedero de la anciana del suelo.... -¡Ladrón!...-Gritó la mujer histérica convencida que la estaban robando. -¿Pero qué dice?... Tenga su monedero..-Respondió Joshua sorprendido. -¡Socorro!... ¡Me roban!...-Volvió a gritar presa del pánico. Atrajo la atención de un policía. Joshua tiró el monedero y, por la fuerza de la costumbre, salió corriendo. -No volveré a hacerte caso, Ma...-Juró Joshua.
FIN
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Dulce hogar
El hombre, de cabello canoso y modales elegantes, hizo cola pacientemente delante de la taquilla del museo-castillo de los Von Clausen. Unas gafas de sol oscuras protegían sus ojos de miradas indiscretas. Permaneció en silencio hasta que le llegó su turno. Pagó la entrada con un leve gesto de disgusto casi inapreciable. Entró por la puerta principal siguiendo a los demás turistas extranjeros. Allí les esperaba una guía pecosa con aire juvenil y chaqueta carmesí. -Me llamo Teresa y soy su guía en la visita al castillo Von Clausen...-Anunció con voz dulce en cinco idiomas distintos.-Nos adentraremos en el fascinante mundo de la aristocracia medieval... Siguió a la guía escuchando atento la historia de la familia Von Clausen. Descendían de rancios antepasados aristocráticos que vivieron momentos de gloria y esplendor desde la Edad Media hasta el presente. Época en que el castillo fue cedido al estado para disfrute de sus ciudadanos... -Confiscado...-Corrigió el hombre en voz baja, ofendido por la versión oficial de la guía, recordando los crueles acontecimientos que le llevaron a perder el hogar de sus antepasados. Se llamaba Heriberto Von Clausen, sexto marqués del Condado de la Selva Oscura, antiguo propietario del castillo familiar. Sus pensamientos se remontaron cinco años atrás cuando el administrador de la familia se presentó de improviso en el castillo. Tobías, su mayordomo personal, le avisó que necesitaba hablar urgentemente con él. No podía esperar. -Espero que sea importante...-Dijo Heriberto bajando del caballo interrumpiendo a desgana su partido de polo. Siguió a Tobías hasta el despacho donde le aguardaba el administrador.-¿Qué sucede?... -Siento decirle, señor Von Clausen, que sus acreedores le van a llevar a juicio... -¿Porqué?... Págales, las finanzas son asunto tuyo...-Nunca se había preocupado del dinero. -No hay fondos suficientes para ello...-Le contradijo con gesto serio.-Lamentablemente hicimos unas inversiones arriesgadas que fallaron... Nadie podía preveer el desplome de las acciones. -Me aseguraste que eran seguras..-Replicó incrédulo.-Busca una solución, para eso te pago... -Haré todo lo posible...-Respondió su abogado y administrador. No fue suficiente. Perdió el juicio. Heriberto se declaró insolvente aconsejado por su abogado. No esperaba que el juez se atreviese a embargar el castillo familiar como pago de sus deudas. Se sentía humillado y no quiso asistir a la subasta pública. Abandonó el país, desahuciado como un mísero obrero cualquiera que no pudiese pagar la habitación donde dormía, refugiándose en un lujoso apartamento de la Costa Azul. Allí vivió cinco años manteniendo su estilo de vida sin problemas gracias a los ahorros ocultos en el Principado lejos de las garras de sus acreedores. Pero la añoranza pudo con Heriberto y regresó a su país de visita para ver con sus propios ojos en que habían convertido su hogar. Sintió tristeza al comprobar la deprimente realidad. El estado se aprovechó quedándose el castillo a precio de saldo con el compromiso de pagar sus deudas. Promocionaban el castillo como un museo medieval de los Von Clausen, pero a Heriberto le pareció un vulgar parque de atracciones. No podía soportar que turistas sin cultura ni educación mancillaran el castillo de sus antepasados y pisotearan los jardines para hacerse un foto. Juró no regresar jamás.
FIN
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Soñar con caracoles
Litigio Antequera era un jubilado con mucho tiempo libre, antiguo sindicalista con ideales utopicos, al que la sociedad capitalista actual había arrinconado como un juguete roto y viejo. Su experiencia ya no era útil en la automatizada fábrica de embalajes industriales Cartonajes Hermanos Andrés. Un aprendiz podía realizar su mismo trabajo por mucho menos dinero y tiempo. -Debes dejar paso a la juventud...-Empezó diciendo Carlos Andrés, jefe de personal e hijo del dueño, sentados en su despacho. Nunca tuvieron mucho trato, pero Litigio esperaba una despedida más calurosa y no salir por la puerta de atrás. Andrés se lo dejó claro. No tenía otra opción. O cogía lo que le ofrecían o se verían en el juzgado. Sabía que la empresa atravesaba por graves dificultades debido a la feroz competencia. Ya no había pastel para todos y los lobos se devoraban entre sí. Creyó estar en la obligación de hacer un último servicio a su empresa de toda la vida. Aceptó el trato y firmo los papeles del despido. Le acompañaron a los vestuarios, se duchó por última vez y se vistió de calle. Vació su taquilla recogiendo los recuerdos de dos décadas. Dobló cuidadosamente su mono de trabajo y lo guardó en la caja de cartón Hermanos Andrés. Se despidió de su compañeros uno a uno. Un nudo en la garganta le impedía hablar con serenidad. Contuvo las lágrimas hasta que abandonó la fábrica. Después se enteró por uno de sus ex-compañeros que su puesto de trabajo lo ocupó una fría pero eficaz máquina embaladora japonesa. Litigio se sintió humillado y engañado. Así valoraban sus veinte años de servicio a la empresa. No podía creerlo, pero era cierto. Lamentablemente, él sólo fue el primero de los trabajadores veteranos que se vieron forzados a abandonar la empresa... Ahora dejaba transcurrir los días lentamente sin necesidad de madrugar, ni preocuparse por el mañana, ni por si salía el sol o llovía... Aunque si llovía después iba a recoger caracoles...
FIN
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Pánico a las mujeres
La sala era acogedora y con una estudiada luminosidad cálida que propiciaba las confidencias íntimas de los participantes en la terapia de grupo. Cada detalle de la sala tenía su razón de ser, desde la música ambiental sosegante al tono rosa pastel de la pintura de las paredes. Nada estaba escogido al azar en la Clínica privada Monte de la Paz... Sus exclusivos pacientes se merecían, y pagaban, el mejor tratamiento posible a sus inconfesables dolencias... -Háblenos de su problema, señor Calzone...-Pidió el médico con voz amable, pero firme... Todos los pacientes debían contar su trauma delante del grupo... Era parte de su cura, aseguraban. Mario no lo veía muy claro, pero deseaba superar su estado actual de depresión y volver a ser el triunfador que era antes de conocerlas a ellas... Ellas... Maldito el momento en que se fijó en ellas... -De acuerdo, doctor...-No conseguía recordar su nombre, pese haberlo conocido apenas hacía una hora en la visita personal que le hizo en su despacho. Le llamaron la atención, los títulos académicos de universidades que colgaban de la pared, y, sobretodo, el péndulo de bolas metálicas. El choque rítmico de las bolas le ponía nervioso. Deseaba que parase, pero no se detenía. -Estamos esperando tu vivencia...-Le recordó el doctor sacándole de sus pensamientos. -Comenzó la noche que fui a la fiesta aniversario de la discoteca Acqua de Mamma...-Se decidió Mario a contar el motivo que le había llevado a pedir ayuda.-Era un fiesta muy exclusiva, pero yo tenía invitación... Había movido mis hilos...-Aseguró dándose importancia.-Entré solo con la intención de divertirme e irme acompañado de alguna bella mujer... Siempre lo conseguía... -Hasta esa noche...-Se lamentó Mario. La angustia le impedía continuar hablando. -Debió ser muy duro...-Aventuró el doctor escuchando atento a sus gestos. -Conocí a dos bombones llamados Carla y Mariela... Dos mujeres que volverían loco al más cuerdo de los hombres de la tierra...-Reconoció Mario recordándolas con deseo reprimido.-Dos amigas inseparables que me prometieron mimos íntimos... Ya me veía disfrutando de su morbosa compañía en el lecho de mi cama... Yo era capaz de satisfacerlas a las dos... -¿Y qué sucedió al final?...-El doctor quería llegar al origen del trauma. -Algo que nunca me había pasado...-Mario tragó saliva dudando si continuar.-Las invité a compartir mi cama... Aceptaron sin dudarlo... Pero a la hora de la verdad, me ataron desnudo a la cama y me impidieron participar en sus juegos eróticos... Sólo pude mirar impotente... -Desde entonces soy incapaz de conquistar a una mujer...-Admitió Mario amargamente. FIN
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Juan Sinamor
-La cita promete...-Se decía a si mismo Juan Sinamor saliendo de casa vestido elegantemente con traje negro y camisa blanca. Calzaba unos zapatos de charol nuevos. Siempre estrenaba un par en cada nueva cita... Y llevaba demasiados para su gusto. Juan no perdía la esperanza de encontrarla, por eso acudía a la enésima cita con otra desconocida que respondió a su anuncio del diario. El creía haberlo dejado claro... Buscaba una mujer a la que amar... Todas las chicas que había conocido hasta ahora eran alérgicas a las palabras compromiso, compartir un futuro, envejecer juntos... Eran frases caducas, vacías de sentido... Respondían que no... No querían atarse a otro hombre... Sólo deseaban vivir una noche de pasión desenfrenada... Y desaparecer sin dejar rastro al salir en sol... Juan Sinamor no las comprendía, era de otra época más romántica, cuando el amor consistía suspirar en silencio por llamar su atención y esperar que sus miradas se cruzasen... Qué hablase el corazón palpitando por estar con el ser amado... Pero ahora todos se conformaban con el efímero y frío roce de los cuerpos de dos desconocidos bajo las sábanas... Nadie quería arriesgarse a dejarse romper otra vez el corazón... -Hola, Inés...-Saludó Juan, con una sonrisa en los labios, a la chica que le esperaba delante del cine. La reconoció gracias a la rosa que llevaba en la solapa de la chaqueta. -Hola, Juan...-Respondió ella con una sonrisa tímida.-Bonito día para pasear...-Ella miraba con curiosidad al extraño que tenía delante. Quizás fuera él... Ella también navegaba perdida por el mundo buscando el amor. -Si que lo es...-Admitió él con la esperanza que no acabase como los otros días... FIN
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Ser hijo único
El hombre solitario fumaba un cigarrillo tras otro con ansiedad. Se sentaba solo en una mesa del bar ante un vaso de vino. De vez en cuando miraba de reojo a la mujer que hacía compañía al pianista mientras tocaba canciones románticas. Ella miraba al pianista en silencio. Una tímida sonrisa afloró en sus labios cuando él le lanzó un beso. Bonifacio lo vio y apagó el cigarrillo en el cenicero con rabia. Le costaba mucho disimular sus verdaderos sentimientos. Encendió otro dando un calada profunda para intentar tranquilizarse. Debía calmarse. Aun no era el momento. El humo del cigarrillo le hizo recordar su juventud. Eran tiempos jóvenes cuando Bonifacio competía con su hermano mayor, Ángel, por ser mejor que él en todo. Pero pronto se dio cuenta que era inútil. Se esforzaba sin descanso y, luego, él le superaba sin apenas proponérselo. Ángel poseía dones que él carecía. Bonifacio aun creía en el amor, aunque sólo recogía las migajas que Ángel despreciaba, cuando conoció a Aurora y se enamoró perdidamente de ella... Pero su destino amargo se cumplió trágicamente y Ángel le arrebató a la mujer de su vida... Ninguna mujer se resistía a su sonrisa encantadora ni a sus canciones románticas tocadas al piano... Y Aurora cayó en sus brazos... Algo se rompió en el interior de Bonifacio, quizás su corazón, quizás la última esperanza de amar y toda la rabia acumulada durante años explotó... Ser el último en nacer, ser el hermano pequeño, le había perjudicado tanto que no podía soportar más humillaciones por parte de Ángel... Si su hermano mayor no hubiera existido, él habría sido feliz.. Eso creía y pensaba remediarlo... Por eso llevaba una pistola oculta en su ropa... para ser hijo único... FIN
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Fantasmas de papel
Gloria Dosvientos caminaba con su abogado preocupada por la reaparición inesperada de su marido ficticio, un tal Osvaldo Sánchez, al que sólo vio una vez en el juzgado cuando contrajeron matrimonio. Gloria se casó con él a cambio de una generosa compensación que necesitaba desesperadamente para finalizar su carrera de diseñadora de ropa. A Osvaldo le concederían la nacionalidad que le permitiría trabajar legalmente en el país. Ambos se beneficiaban del acuerdo y no hacían daño a nadie. Al menos eso creía ella... Gloria se olvidó de su marido de papel. Era responsabilidad de su abogado de confianza librarle de su matrimonio de ficción. Osvaldo prometió firmar el divorcio al transcurrir un año, pero desapareció sin cumplir su parte del trato porque saltaba de trabajo en trabajo, de ciudad en ciudad, sin preocuparse por el futuro. Su vida apenas había cambiado, la única diferencia era que ya no se escondía de la Policía de Inmigración como antes, pero seguía trabajando en empleos eventuales. Vivió nueve años de duro trabajo, luchando día a día por hacerse un nombre en el cruel mundo de la moda. Gloria pasó de ser una joven y prometedora promesa a triunfar como diseñadora de ropa en la firma de prestigio “Le Terrible Enfant”. Se enamoró perdidamente de Cris Minos, un apuesto modelo que desfilaba con su ropa y sin ella en la intimidad de su dormitorio. Vivía en la cresta de la ola disfrutando de las mieles del éxito. Su enamorado amante, Cris Minos, de ascendencia griega le propuso matrimonio y ella acepto encantada. Ya se veía en las portadas de las revistas del corazón explicando lo maravillosamente feliz que se sentía... A cambio tendría más fama y dinero. Nada podría romper su sueño... Sólo había un pequeño problema sin importancia... Su abogado le recordó que seguía casada con el ignorado Osvaldo Sánchez porque no firmó el divorcio. Gloria no podía creer lo que oía. Un desgraciado inmigrante le impedía unirse a su amado Cris Minos... Su abogado le dijo que no debía preocuparse porque había localizado a su marido. Aseguraba haberle convencido para firmar el divorcio a cambio de una compensación... Entraron ambos en el despacho del abogado de su marido donde les esperaba Osvaldo Sánchez. Gloria apenas miró al extraño que era su marido. Deseaba acabar rápido con la comedia. -No es posible...-Exclamó Gloria sorprendida al leer las condiciones del divorcio. Osvaldo le reclamaba la mitad de la fortuna que había amasado en sus diez años de matrimonio...
FIN
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